The Revenge Of God - Reveal: Ruenis Krizul

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The Revenge Of God - Reveal: Ruenis Krizul

Mensaje por Seemos Yantra el Mar Jul 31, 2018 12:34 pm

Bienvenidos a "The Revenge Of God - Reveal: Ruenis Krizul". Es facil subestimar a los pequeños y aquellos que no poseen en ellos un espíritu de batalla tan evidente. Es facil, cuando se tiene un instrumento de muerte en mano, mirar con condescendencia a las gentes que viven sus vidas un día a la vez, arando los campos, amazando el adobe, martillando los metales, tayando la madera, o picando las piedras. Es facil olvidar lo mucho que los vástagos de El Arbol del Conocimiento necesitan un hogar calido, estable, y seguro al cual regresar hasta que encaran la inclemencia del mundo exterior. Es facil olvidar que la parte mas simple de un conflicto es, siempre, eleminar con odio al agresor o invasor, siendo la parte mas difícil el reconstruir todo lo que se ha perdido. Destruir un pueblo toma horas, si es que no minutos; reconstruirlo toma dias, si es que no semanas o meses. Destruir un mundo toma horas, si es que no dias; reconstruirlo toma cientos, si es que no millones de años. Durante la gran guerra de La Era de La Aflicción, lo primero que las huestes del caos atacaron fué siempre el hogar de las personas pues, hay innumerables razones para tomar un arma con odio, pero pocas logran hacer que las personas se unan como uno solo como cuando defienden su hogar, porque aun si rara vez se mencione en las canciones de gloria, pocas cosas son tan importantes como el suelo donde naciste y vives. Algunos de los que llegan ahora al llamado de Byphron no desean pelear: tan solo desean empezar de nuevo y ayudar a todos aquellos que desean un lugar calido al cual regresar. Así sea pequeño, así sea humilde, así sea simple. Destruir es sencillo pues hasta las bestias pueden hacerlo. Construir, por otro lado, es aquello que separa a los animales de las personas porque, crear, es divino.

Alineamiento: Lawfull Good
Folios de interés: Good, Artifice, Knowledge, Community, Plant
Arma Favorecida: Heavy Pick

Campeones Conocidos:

Emyeel.- Si bien muchos tienen por imagen mental de un dragón a un enorme cuadrúpedo alado que parece mezclar las características de un felino con un saurio dotado de un temperamento propio de un diablo y la codicia de el peor de los enanos, lo cierto es que este resulta ser un estereotipo que a duras penas rasca el barril de la inconmensurable variedad que comprende a las criaturas que comparten el apelativo de dragón a travez del cosmos. Algunos dragones, lejos de pasar su tiempo destruyendo poblados con sus terribles e icónicos alientos elementales o custodiando celosamente ajuares y tesoros inimaginables, desafían por mucho los conceptos que la mayoría posee sobre lo que es un dragón. Emyeel es de aquellos curiosos dragones que dejaron atrás las viejas costumbres y tradiciones, posando sus ojos sobre joyas y tesoros de una índole muy distinta, pues donde la sierpe clásica se contenta en amasar cantidades absurda de riqueza material que, posiblemente, jamás usará, Emyeel ha aprendido a valorar muy por encima de tales cosas aquello que es intangible y que, a diferencia del frío oro, poseé la curiosa cualidad de multiplicarse de manera exponencial y algebraica en la medida que es compartido y distribuido correcta y eficientemente: el saber. Muchos dragones especulan y traman maneras de hacerse del poder en esta incierta época de transición, ruminando acerca de quien pudiera tener la chance u oportunidad de ascender a la divinidad e, incluso, quizas retar a singular duelo al mismísimo creador, pero Emyeel no ocupa su mente en tales cosas. La dragona dorada sabe que tales maquinaciones son dignas tanto de aquellos que han sido consumidos por su sed de poder como por su propia y consumada idiotez, lo cual suele ser una tragedia común entre las grandes sierpes. No, la mente de Emyeel se ha posado en aquella esquina a la que nadie se digna a mirar, en aquel jovencito capaz de contemplar el mundo que vendrá desde la perspectiva del verdadero protagonista de la existencia: la persona común. Es en los tiempos de paz que las almas se dignan a mirar QUE existe mas allá de la siguiente colina. Es cuando el estómago se encuentra satisfecho que la mente divaga y comienza a cuestionar lo que existe a su alrededor con curiosidad y sin miedo. Es cuando la gente entiende el mundo a su alrededor que comienza a comprender su lugar en el cosmos y puede enfrentar la miseria, la enfermedad y el sufrimiento con sabiduría. Todos en el gran Dissidium miran con codicia el poder que es ofrecido, pero nadie vé el futuro de las gentes que presidirán. Nadie, excepto aquel pequeño y adorable muchachito, con sus diseños de casas, ciudades y naciones florecientes con sus miles de posibles soluciones. Emyeel vió a ese muchacho a quien nadie le prestaba atención y, observando sus diseños e ideas le dijo: "Esto es adorable... y se vé... prometedor. *Hmmm* Quizás podríamos mejorar algunas cosas para todos aquí y allá... pero tienes el talento. ¿Dejarías que una señora te dé una mano? Porque creo... que estoy viendo... el futuro."


* Huanghou Xiamei Xiengfung.- "No obstante, hijo, no vas a poder hacer esto así nada mas. ¡Mira a tu alrededor! Esta gente está dispuesta destriparse frente a una audiencia por cada miga de poder divino disponible. Eso, mi niño, no es una opción en nuestro caso." Y, ciertamente, Emyeel tenía razón. Todo este tiempo, Ruenis había querido evitar pensar en ello, fiel a su naturaleza pacífica y contemplativa. Sin embargo, ¿que podía hacer realmente? El no era, definitivamente, como su hermana mayor, quien había recorrido media creación enfrentando los horrores de las profundidades y encarado al mismísimo vigilante de Chronias para traer de vuelta al Overdeus. Sin embargo, tampoco era un general y, si bien poseía el intelecto necesario para mantener una armada de manera eficiente y pristina, era algo muy diferente organizar las medidas óptimas de gastos, inversiones, recursos consumibles y renovables, etc., a liderar tropas en tiempo real en el campo de batalla. No, una armada exitosa no solo requería de cálculos cuidadosos y habilidades de manejo. Una armada exitosa requería un general inspirador, un comandante gallardo, valiente, atrevido, capaz de encarar al mundo de igual forma con o sin dicha armada a su espalda, porque tenía que ser el corazón latiente y ardiente de esta. Mirando la expresión atribulada del muchacho, Emyeel casi podía leer sus pensamientos (incluso sin usar sus habilidades), así que le dijo: "Lo que necesitas ahora, mi niño, es una leyenda de tu lado. Y resulta que yo conozco una...". Valiendose de algunos de los pocos (e invaluables) tesoros que había acumulado a lo largo de sus años, Emyeel se las ingenió para visitar un mundo ya desaparecido por estos dias, solicitando audiencia real ante la mismísima primera emperatriz de la dinastía Xiengfung, quien resultaba deberle algunos favores. Ciertamente, Ruenis no esperaba a una emperatriz como Xiamei Xiengfung, quien se le antojaba mucho mas como el tipo de personas que su hermana mayor solía frecuentar, pareciendo mas que planamente presa del tedio de su puesto. "*Sigh* Okay, no entendí absolutamente nada de eso pero, lo que dices, vieja, es que va a haber una gran batalla con gente muuuy fuerte y que aquí no sentirán que ha pasado ni un minuto, ¿verdad?", dijo la desenfadada regente de cabellos rojos, a lo que Emyeel contestó: "Ehm... en cuentas resumidas, supongo que podríamos sumarizarlo de esa forma." Sin siquiera pensarlo y con una sardónica sonrisa de oreja a oreja, Xiamei Xiengfung, casi pareciendo desesperada y suplicante, le respondio mientras tomaba su enorme sable: "¡HECHO! ¡¡SAQUENME DE AQUÍ ANTES DE QUE ALGUIEN SE DÉ CUENTA!!". Un tanto confundido y aturdido por los eventos, Ruenis expresó su preocupación al ver que, en efecto, su majestad imperial no pretendía llevar consigo ningún tipo de ejercito, armada, o siquiera un destacamento de guardaespaldas a lo que Emyeel le aseguró al jovencito que no debía preocuparse pues, de acuerdo a sus propias palabras, Xiamei Xiengfung contaba por una legión o mas por sí misma. Ya en el Dissidium, Xiamei tuvo el lujo de contemplar a algunos de los combatientes practicando en las arenas principales y, aferrando con fuerza el mango de Práyala, sonrió sintiendo que, finalmente, hiba a tener las vacaciones que merecía. Contemplando a la guerrera en buen animo, Emyeel sintió que haber gastado aquellos artefactos únicos valía la pena la inversión en este caso y, mientras la dragona dorada planeaba su siguiente movimiento, el joven Ruenis se acercó timidamente a la regente para expresarle su agradecimiento por apoyarle en su causa con la deferencia y pompa que es propio de lidiar con una gran señora. Sin embargo, para su sorpreza, la regente, quien había reemplazado su fastuoso vestido por atavíos simples y propios de un viajero de las tierras de oriente, miró al muchacho y sonriendole le dijo: "Shinpaishinaide, Ottoto-chan. ¿No lo sabes? La emperatriz está en casa haciendo lo que hace una emperatriz. ¡Quien pelea por tí ahora es una salvaje! ¡LA SALVAJE AKAGE ARJUNA!"

Hikari Maoko.- "A ver, dejenme ver si entendí bien esto. Usted me dice que el jovencito aquí tiene el potencial de conventirse en una deidad suprema relacionada a la civilización, el comercio, y todo lo relacionado a vivir de forma pacífica y decente. Pero, para ello, tiene que ganar una suerte de subasta contra otras entidades con un potencial similar por lo que necesita gente con talentos muy particulares para poder asegurar su victoria." Ante esta breve recapitulación de la situación, Emyeel asintió con toda tranquilidad y respondió: "Así es, y es por ello que estaríamos muy interesados en contar con vuestro apoyo también, Maoko-san. Como potencial civilizador supremo, el joven Ruenis posee ideas muy interesantes de organización social y cultural que nunca han sido vistas antes en este cosmos y que, por ende, representan un potencial y dimension totalmente nuevas en lo que respecta a las futuras posibilidades y desarrollos que el comercio y la economía misma podría tomar. Oportunidades que sabemos que alguien con su particular talento y habilidad no solo podría refinar sino explotar en la mas eficiente y productiva de las formas. Me considero competente en el area del desarrollo científico y el sector educativo, así como nuestra otra asociada está mas que considerablemente familiarizada con el arte de la guerra en todo tipo de escalas. Si contaramos con vuestro apoyo, tendriamos ya 3 de los 5 pilares fundamentales de la civilización." A Hikari le costaba trabajo creer todo esto. Estas personas habían aparecido de la nada, clamando ser parte de uno de los eventos mas grandes que la creación pudiera presenciar y, aunque era evidente que el jovencito en cuestión pertenecía a una etnia que ella jamás había visto en su vida y que la llamativa pelirroja que acompañaba a su interlocutora encajaba demasiado bien con la descripción dada en las leyendas acerca de la fabulosa Akage Arjuna, tomarles en serio resultaba difícil. Sabía que, algún día, sus talentos como analista y economista le valerían un reconocimiento mas allá de las fronteras de su nación, pero ser buscada por un posible dios era algo en un nivel que la ommyoji jamás hubiera imaginado posible. Probablemente todo esto era una estafa porque era demasiado bueno para ser real, pero lo cierto es que Hikari no podía encontrar el truco y, si era cierto, sería el negocio mas grande de todos. "Comprendo. ¿Me permitiría discutir esto con mi asociada por un momento? Es muy importante para nosotras analizar toda propuesta." Si alguien podía saber si esto era un engaño, sin duda alguna, sería la Reina Xi-Zhi-Qing. Un tanto preocupado, Ruenis tímidamente le preguntó a Emyeel si, en verdad, creía que Hikari Maoko, afamada ommyoji del clan Maoko, y reputada Tesorera Imperial de Ren, aceptaría dejar un cargo tan importante por una propuesta como la suya. Sin embargo, antes de que la dragona dorada pudiese contestar, la ommyoji regresaba en la espectral compañía de la resplandeciente monarca dorada flotando tras de ella. "Ruenis-shochó, mi asociada y yo hemos analizado vuestra propuesta y hemos llegado a la conclusión de que la encontramos... mutuamente beneficiosa. ¿Cuando empezamos?"
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