The Revenge Of God - Reveal: Arkiel Gabranth

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The Revenge Of God - Reveal: Arkiel Gabranth

Mensaje por Seemos Yantra el Miér Jul 25, 2018 8:45 am

Bienvenidos a "The Revenge Of God - Reveal: Arkiel". Aquellos que conocen la tragedia que acaeció sobre Seminarium son rápidos en apuntar dedos y aducir que la culpa de tan aciago evento recae en los hombros de Los Inevitables y aquellos que les seguían. Sin embargo, en las infernales tierras de Baator, no se acusa a los Inevitables de ejercer una ley demasiado dura e inflexible sinó de lo contrario: su flexibilidad e incompetencia final en mantener las reglas inquebrantables y ferreas fué lo que, finalmente, permitió que La Reina Del Caos pudiera hacerse del control de la creación con una facilidad risible y, ¿todo por qué? Por permitirle la vida a las anomalí­as conocidas como PlanesWalkers. A los ojos de los señores de Baator y, muy en especial, a opinion de los seguidores de Arkiel Gabranth, los PlanesWalkers son quebrantadores de las leyes universales del karma que jamás debieron ser permitidos de interrumpir el funcionamiento harmónico de la existencia y, ciertamente, la creación está ahora sumida en caos y malfunción, dandole credito al Señor De Ahemath en lo que dice. Solo una mano de hierro, templada en los fuegos infernales de Nessus, puede mantener un orden perfecto en las esferas celestes y, ciertamente, Lord Asmodeus ha fallado en tal propósito. Habiendose revelado formalmente ante la estructura gobernante de Los 9 Infiernos, Arkiel Gabranth piensa tomar las cosas en sus manos y traer el orden que el cosmos ha estado necesitando desde un principio: ferreo como titanio y terrible como el fuego infernal, pues solo a travez del poder las almas son capaces de comprender cual es su lugar y función en la gran maquinaria de la creación. Solo así­ el fuerte y el mas perfecto pueden surgir para gobernar y ejercer dominio sobre todos y todo. Así­ reza la ley, así fué escrito.

Cronnenberg sabe que la asensión de Gabranth en el nuevo panteón es algo casi tan innegable como su eventual reemplazo de Lord Asmodeus como señor de Nessus y Los 9 Infiernos de Baator. Sin embargo, El Erudito de El Camino Palido teme que Arkiel Gabranth termine no contentandose con eso y atente tomar la posición de Byphron mismo eventualmente si es que este no termina inclinandose por una visión semejante respecto a un cosmos ordenado de manera ferrea y maquinaria. Cronnenberg ignora si es que Gabranth pudiera tener poder suficiente eventualmente para enfrentar a Byphron mismo, pero sabe que El Señor de Ahemath no es estúpido y, si alguna vez se atreviese a tan osada movida, lo haría sabiendo que ganaría sin posibilidad para un resultado distinto. Una jugada que el doctor espera no implique el sacrificio de su persona como ficha en el tablero.

Zeruel y Arkiel Gabranth tienen cuentas pendientes desde hace mucho tiempo. Zeruel sabe que Gabranth no es cualquier diablo, pues si bien nuevos engendros de Baator aparecen con regularidad de las almas mortales corruptas, los diablos originales fueron alguna vez archons y otros celestiales que defendieron las realidades celestiales del caos de manera fiera, demasiado fiera, y Arkiel no lleva la silaba "el" en su nombre en vano, pues este es un nombre escrito en el lenguaje de las estancias divinas, no en la meticulosa y corrupta lengua de Baator. Cada día, Zeruel dedica una plegaria a Lord Byphron en nombre de la persona que alguna vez fue Arkiel Gabranth, con la esperanza de que su antiguo maestro de armas vea la luz que ha perdido en el camino, pues nunca es tarde para la redeención. Zeruel sabe que es aquello que llevó a Gabranth a donde está y espera no verse, finalmente, forzado a despojar a su antiguo maestro de la existencia, habiendolo ya despojado de la vida en una ocasión anterior.

Alineamiento: Lawfull Evil.
Folios de interes: Law, Fire, Strength, Evil, Retribution
Arma Favorecida: Flaming Greatsword.

Campeones Conocidos:

Kristhell, Diabla de Hielo.- Incluso cuando naces con la obscura bendición de aquellos que alguna vez fueron ángeles y cayeron ante la gracia de los dioses a los que servían, tarde o temprano aprendes que el frío que los corazones humanoides pueden llegar a albergar es, a veces, mucho mas terrible y cruel que cualquiera de las mas violentas tormentas de Cania, la 8va capa de Los Nueve Infiernos de Baator. Kristhell aprendió eso en carne propia a muy temprana edad cuando, abandonada por completo a su suerte, tuvo que sobrevivir en las gélidas calles de la Plazetskya ocupada por el Imperio Ordalience, ocultandose en los callejones obscuros y, a veces, incluso debajo de la nieve acumulada en las esquinas hasta que los soldados de El Imperio de Hierro estuvieran fuera de vista pues, en el mejor de los casos, estos le hubieran quitado la vida de una certera estocada en el corazón en cuanto le vieran y, a veces, Kristhell se sentía tentada a ofrecerse voluntariamente para dicho destino. Dotada, sin embargo, con un prodigioso intelecto, la pequeña rapidamente descataba tal posibilidad, recordando inmediatamente la crueldad a la que puede llegar los corazones de los mortales y que, sabiendo que su vida no valía nada, era muy probable que aquellos hombres viesen apropiado mancillar aun mas su ya vergonsosa forma hasta estar saciados, quien sabe despues de cuantas y que tan terribles torturas. Así, en aquellas noches de obscuridad total en la que el límpido blanco de la nieve apenas si contrastaba con la negrura de los hogares calidos en donde ella nunca podría entrar, Kristhell encendía una cerilla ante sus ojos, enfocando toda su atención en aquella luz, tornando todo el dolor que su estómago hambriento y sus entumecidas extremidades ya casi no podían sentir en visiones y sueños. Sueños de un invierno eterno donde todos morían, atravezados por terribles dagas, lanzas y espadas de hielo hecho con su propia sangre, mientras ella caminaba bajo la lluvia de copos de nieve, exhalando vaos de un aliento aun mas frío que el invierno, avanzando a su propio ritmo y gusto por las silentes calles de Nabradia, la capital de la odiada Ordallya, hasta llegar al palacio imperial. Aquella noche, cuando a duras penas tenía el aspecto de una niña de 4 o 5 años a pesar de su edad cronológica real, un hombre como ningún otro que ella hubiera conocido antes apareció ante ella, poseyendo un porte tan obscuramente magnífico, que Kristhell creyó que su hora había llegado y que el mismísimo Mephistopheles, Archiduque de Cania, había venido por su alma para que sirviese como otra helada escultura en sus vastos palacios. Pero tal cosa no era su destino, pues aquel gran señor tenía mucho mas en mente para ella que servir de ornamento en sus obscuros salones, enzeñandole las palabras de poder escritas en el idioma de sus ancestros, las simetrías ocultas del mundo, y el saber sobre los reinos distantes mas allá del mar y los cielos, dandole paz a su hambriento estómago y su aun mas hambrienta mente. Jamás hubiera imaginado que llegaría a deberle tanto a este gran señor, pues no contento con sacarle de su miseria, llegaría a concederle aquel sueño vislumbrado en las flamas de las cerillas muchos años despues cuando, en el año 595 de La Era Arcana, ella entraría caminando de manera triunfal por las calles de Nabradia, seguida por una legión de fallecidos sin descanso mientras desataba la furia del mas terrible de los inviernos con cada paso que daba hacia el palacio imperial de Ordallya donde, finalmente sentada en el congelado trono como la reina de las nieves en que se había erigido, en su insondable gracia, retó al joven emperador de Ordallya a una partida de El Trono de Babilonia, un juego de palabras propio de los eruditos sirvientes del señor de Cania, mientras esperaba la llegada de su señor. Así, mirando al tiritante jovenzuelo le dijo, entretenida pero con la característica e insondable frialdad de su corazón: "Vuestro turno, joven señor. Raíz anglosajona, 9 letras, comienza con D, termina con N..."

Vakthrya, La Mandrágora.- Originalmente llamada por su madre como Dianne Genesia Ravenblack, Vakthrya suele recordar su infancia con sincera nostalgia, pues fué esta una época dorada que prometía una vida maravillosa. Rodeada de los lujos propios de la alta nobleza ordaliense, la pequeña niña demostró desde su mas tierna edad una asombrosa capacidad de aprendizaje, habiendo dominado la capacidad de hablar casi a la perfección al año y medio de vida, cuando otros bebés apenas si balbuceaban o, en el mejor de los casos, jugaban con una o dos palabras simples a lo mucho. A los 3 años, Dianne era capaz de leer y escribir tyrassi tecnicamente a la perfección, aun si la cordinación de sus dedos seguía siendo, no obstante, la de una niña de 3 años común. Para aquel entonces, el fiero e indómito caracter de la joven señorita de La Casa Ravenblack ya se hacía sentir entre los sirvientes y, la mayor parte del tiempo, su madre alentaba y se enorgullecía de que la muchacha "supiera su lugar por encima de la servidumbre" desde tan joven. Quizás lo único que le molestaba a la Sra. Ravenblack era aquella innegable e indómita curiosidad que Dianne tenía para con el mundo natural, siempre tomando cada oportunidad que podía para pasar su tiempo en los jardines y bosques cercanos a la mansión familiar, urgando en la tierra, desenterrando bulbos y raices, y horrorizando mas de una vez a su madre al traer cuanto insecto y alimaña encontrara interesante en el campo. A la edad de 5 años, Dianne tenía su habitación repleta de detallados y precisos grabados hechos por ella misma con carboncillo y papel, mostrando y señalizando de manera didáctica la naturaleza de insectos, plantas, y pequeños animales con la fascinación y dedicación de los mas notables estudiosos de la vida. Ciertamente, la Sra. Ravenblack sentía un gran orgullo por el talento artístico y escolástico que su hija mostraba, pero encontraba de poco agrado que su atención estuviese tan centrada en criaturas tan desagradables como arañas, escorpiones, avispas, cienpies, y otras alimañas reconocidas por la letalidad de sus venenos. A los 10 años, Dianne no solo estaba ya comenzando a dominar los aspectos mas complejos del saber químico y médico de la época, sino incluso mantenía correspondencia con varios estudiosos de la época, llegando a sus oidos los rumores de cierta inusual muchacha prodigio que había logrado ingresar a la prestigiosa academia arcana Crimson Dawn en Jylland a la tierna edad de 12 años totalmente por su cuenta. Esta fué, quizas, la primera vez que Dianne sintió las limitaciones de su posición como ordalience, pues ahondar en los estudios de lo arcano en Ordallya era una herejía de orden mayor, especialmente en aquellos días. No obstante, apenas si dos años mas tarde, en el cual su cuerpo florecía mostrando ya en creces la bella princesa que sería en tan solo unos cuantos años, la vida de Dianne, literalmente, comenzó a caerse a pedazos. Sucedió de una manera tan sutil que nadie prestó atención a aquella fiebrecilla que no parecía irse con el pasar de los dias en conjunto con aquel sarpullido tenue que parecía hacerse extenderse por todo el cuerpo, tornandose mas y mas picoso conforme pasaban los días. Orgullosa y segura de su propio saber, Dianne intentó repetidas veces auto-diagnosticarse, tratando de encontrar una manera de curarse a sí misma de esta extraña enfermedad que progresaba a ritmo acelerado sin exito alguno, haciendo que su frondoso cabello marrón comenzara a caer, primero en copiosas hebras, y luego a mechones completos. Cada vez mas preocupada y mas debil, Dianne le rogó a su madre que trajera a alguien que pudiese ver su condición pues, ciertamente, estaba dentro del poder financiero de la Sra. Ravenblack hacerlo, pero el comportamiento de la madre de Dianne respecto a la situación que su hija experimentaba denotaba una calma mal fingida, ocultando un miedo a algo que la debilitada Dianne no podía siquiera imaginar. Aun hoy, Vakthrya puede recordar con claridad aquella terrible y febril noche en que la comezón se tornó insoportable y, estando casi inconsiente por los varios dias sin ser capaz de conciliar el sueño por el malestar constante y la fiebre que rehusaba a irse, dió rienda suelta a su deseo, rascando y rascando su piel como un perro pulgoso y desesperado solo para descubrir, horrorizada, al día siguiente al recuperar la conciencia, que su terza y querida piel blanca yacía ahora regada por todos lados en su cama cual ojarasca seca, dejando expuesta en su cuerpo ahora una losana piel de un encendido y vegetal tono verde, con un lustre propio de la piel de las ranas y otros anfibios. Mas aun, los lugares donde su cabello había caido dejando porciones calvas en su cabeza mostraban ahora "brotes" de un frondoso verde obscuro, como si su cuero cabelludo se hubiese tornado en una huerta en la cual crecería un frondoso bosque muy pronto. Como si se tratase de una horrible pesadilla, Dianne no tuvo tiempo siquiera de procesar lo que le estaba pasando antes de que un grupo de hombres irrumpiera en su cuarto y la llevaran por la fuerza como si fuese una criminal buscada por el Imperio de Hierro. Desnuda y encadenada como si fuese un animal, Dianne fué llevada en una jaula hacia la capital de Ordallya donde las noticias de "El Monstruo Verde" corrieron como incendio. Por los próximos 7 dias, Dianne estuvo en total y absoluta obscuridad mientras su transformación progresaba, apenas si comiendo la basura putrida que le daban por alimento y que ni un perro comería. Fué al 8vo día cuando, una vez mas, era transportada a algún otro lugar que la caravana que le transportaba fué atacada y ella aprovechó las magras fuerzas que le quedaban para huir, internandose en la espesura del bosque, casi arrojandose al primer riachuelo que encontró para beber agua en cantidades que ni ella misma creía posible y como nunca antes lo había hecho. Allí, mirando su reflejo, contempló como casi todo resquisio de humanidad le había abandonado y su cabellera, ahora una frondosa copa de hojas, era coronada por dos pequeñas pero gruesas ramas saliendo por encima, casi a manera de pequeños cuernos. Incluso sus ojos habían cambiado por completo, el blanco de estos reemplazado por el mas absoluto negro, como es propio de las criaturas nocturnas. Fué en aquellos dias de solitaria feralidad que Vakthrya se encontró por primera vez con Arkiel Gabranth, como si fuese la escena de un cuento de hadas, pues era este la primera persona que le extendía la mano a pesar de su apariencia actual. Con su ayuda, Vakthrya descubrió que esta no era una enfermedad, sinó mas bien lo opuesto: su humanidad había sido un sueño. La Sra. Ravenblack había enviudado poco antes de tener a Vakthrya y, parte del testamento de su esposo estipulaba que esta solo podía heredar su fortuna de no darle al menos un hijo o hija. Desesperada, la Sra. Ravenblack terminó contratando secretamente los servicios de un alquimista kemethriano, quien creó a Vakthrya a inocular los fluidos de la Sra. Ravenblack y su finado esposo en una mandrágora, creando un bebé que, para todo propósito práctico y aparente, era humano. Sin embargo, el alquimista le advirtió a la Sra. Ravenblack que el engaño no podría ser mantenido para siempre y que, tarde o temprano, la niña mostraría su verdadera naturaleza no humana. En un principio, la Sra. Ravenblack pensó en mantener el engaño por algún tiempo para despues matar a la niña aun siendo un bebé, de tal forma que no perdiese la herencia, pero no encontró fuerzas para hacerlo pues, en verdad, la niña lucía como habría lucido su hija de haberlo sido. Cuando Vakthrya enfermó, la Sra. Ravenblack sabía que el tiempo del disfraz había terminado y tenía que hacer algo para asegurar su supervivencia y la de su "hija", por lo que buscó ayuda con uno de los nobles mas cercanos a su finado marido, solo para ser traicionado por este, quien consideró mucho mas lucrativo entregar a la muchacha a los laboratorios imperiales de Ordallya, y ganar las regalías del "descubrimiento de un humano vegetal quimérico". Fué por ello que, muchos años despues, en una gélida noche del año 595 DLEA, mientras las esqueléticas tropas de Arkiel Gabranth marchaban siguiendole el paso a la helada Kristhell, la silenciosa sombra de la muerte se cernía sobre las crueles e indolentes gentes de Nabradia, la capital de Ordallya, en la forma de una densa nube de un nauseabundo verde. Para muchos de los que caian como moscas, retorciendose en sus últimos espamos de vida, la última cosa que verían sería a la joven verde de la máscara de gas acercandose a mirar. Es una pena que la máscara no dejara ver su brillante y satisfecha sonrisa al ver caer a la gente que humilló y trató como un animal a una de las mas grandes mentes de Tyrian. Frase Icónica: "A veces dura como piedra, a veces suave como el heno, la vida es una caja de sorprezas, pero la muerte... ah... la muerte y la venganza son dulces... como mis venenos."
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